ALBERTO URRETXO  -











     



Soinu Majikoak kulturaren bi oinarrizko alderdi hurbildu nahi dizkie handi nahiz txikiei: musika eta Euskal Mitolojiaren ahozko transmisioa. Xede horri begira, 90´ko iraupena duen tarte batean, arin eta etenik gabe tartekatuko dira SOINUAREN BIDAIA taldeak interpretatuko musika piezak eta TOTI MARTINEZ  de LEZEAk aurkeztutako Euskal Mitolojiako kondaira eta pertsonaien ikuspegi bat.Bai interpreteak eta bai narratzaileak ere esperientzia zabala eta onarpen handia dute publikoaren artean.

SOINU MAJIKOAK´ trata de acercar a grandes y pequeños dos elementos fundamentales de la cultura: la música y la transmisión oral de la mitología euskaldun. A este fin, se intercalan, de manera ágil y continuada durante una duración de 90', piezas de música interpretadas por el conjunto SOINUAREN BIDAIA y una visión de las leyendas y personajes mitológicos vascos presentados por TOTI MARTÍNEZ DE LEZEA. Tanto intérpretes cono narradora gozan de una amplia experiencia y aceptación por parte del público-



EGITARAUA / PROGRAMA

SOINU MAJIKOAK 

Gure Konpositoreekin / Con nuestros Compositores
G.Loidi, H.Extremiana, J.C.Pérez, X.Zabala, E,Moreno, Polentzi, J.Urrutia, J.Martínez Campos


EGUZKILORE
 
 
 POR EL PAÍS DE LA BRUJAS
 
                       
      POR LAS SENDAS DE LOS GIGANTES
 
 
        POR LAS RUTAS DE LOS DRAGONES
 
              
POR LAS MONTAÑAS DE LA DIOSA MADRE

 
TRAS LAS HUELLAS DE LOS DUENDES VASCOS
 
                                     
               POR LOS MANANTIALES DE LAS LAMIAS     


Hasta no hace mucho, poco más de un siglo, la cultura de nuestro pueblo fue rural y marinera. No hubo entre nuestros predecesores grandes escritores, artistas o científicos; eran gentes sencillas, al igual que lo eran sus forma de vida basadas en la agricultura, la pesca, el pastoreo y la artesanía, es decir en la Naturaleza que les proveía de todo lo necesario para subsistir y a la que correspondían con respeto y veneración.

 Las creencias de aquellos primeros vascos únicamente podían basarse en lo que veían sus ojos: el sol, la luna y, sobre todo, la Naturaleza, a la que llamaron Amari, la que es madre, Ama Lurra, la Madre Tierra. A esa diosa matriarcal le ofrecieron sacrificios y rogaron para que las cosechas fueran fructíferas, los protegiera, les diera hijos. Era ella quien creaba las tempestades, enviaba el granizo y la lluvia; se rodeaba de fuego o se envolvía en la niebla para trasladarse de un lugar a otro. Ella era la Naturaleza, la vida. De ahí que le atribuyesen la fuerza del oso, la velocidad del caballo, la capacidad de volar del águila; de ahí que venerasen a ciertos árboles, en especial al roble por ser el más sólido y fuerte de todos ellos y los leñadores le pidiesen perdón antes de proceder a la tala. Creían que su morada no estaba en el cielo inalcanzable, sino en la propia Tierra que pisaban, los cobijaba, los alimentaba y procuraba la fertilidad a humanos, animales y plantas, sin la cual estarían abocados a desaparecer. Situaban sus siete casas en las montañas más altas de nuestro territorio, repletas de menhires, cromleches y cuevas sepulcrales donde enterraban a sus muertos con la esperanza de que renaciesen del seno materno, al igual que cada primavera resurgen de la tierra las plantas y los frutos.

 Nuestras leyendas, mitos y tradiciones están profundamente arraigadas en dichas creencias y su mitología es una de las más ricas de Europa. Así, Sugoi o Sugaar, el culebro, señor de las profundidades que habita en la cueva de Balzola, es el compañero de Amari con quien se reúne los días de tormenta; Aizekoa, el del aire, capaz con su fuerza de levantar los tejados de los caseríos y doblar los árboles; Gauekoa, el de la noche, que hostiga a los caminantes tardíos; Adurra, la suerte, que provee la fortuna o la desgracia. Así, Basojauna, el señor del bosque, que habita en las profundidades de los bosques; Jentila, el gigante que enseña a los humanos a sembrar el trigo y a utilizar la muela del molino; Tattartalo, Torto, Tartaro o Anxo, el cíclope de un solo ojo, que atemoriza a los pastores; Lamia, Eleilamia o Amilamia, doncella de los ríos y de las fuentes, que suspira por el amor imposible de un pastor; Sorgina, la bruja, que acude a los akelarres y se une con el diablo; Herensugea, el dragón, de una, tres o siete cabezas, que quema bosques y cosechas y desaparece cada atardecer en el horizonte que él mismo pinta de rojo con el fuego de su boca... 


Toti Martínez de Lezea                                                                                        












    


    
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